Reflexión

EDUCAR PARA SERVIR

Desde una educación de más calidad
a una educación de mayor equidad

 

I. Tema: Por una calidad que pide equidad

En el Congreso de educación anterior se centró la atención en la calidad. En éste volvemos a hablar de ella y no para repetir lo que ya se dijo sino para enriquecer la visión y práctica de la calidad con la mirada puesta en la equidad. Nos conviene recoger los ecos de esa reflexión de los días del Congreso del 2007  y la  repercusión que ha tenido  en los tres años que le han seguido. En este momento se parte de ese gran desafío de la educación marianista chilena y se analiza hasta dónde se ha llegado y se da un salto más: el de una educación para servir. La solidaridad, la inclusividad, el trabajo para que haya equidad y la preparación de las personas para que la hagan posible, el compromiso por la paz y la justicia y el cuidado de la creación son la otra cara de nuestro empeño educativo. Un buen colegio es capaz de corregir, en buena medida, las desigualdades de origen que pueden traer sus estudiantes.

El esfuerzo por la calidad de la educación chilena y por la superación de la intolerable desigualdad son los temas más punzantes y urgentes que tenemos que solucionar como nación si queremos sinceramente el crecimiento y desarrollo.  Los reales resultados que estamos obteniendo ponen un freno a cualquier posibilidad de competir y crecer en un mundo globalizado y hacen peligrar el progreso de los ciudadanos en valores como la confianza, la democracia, el servicio y la justicia. No hay ninguna duda que estas propuestas orientadas a la calidad y equidad, deberían despertar un gran apoyo ciudadano; pero no siempre ocurre. Hacer una verdadera revolución en la calidad y en la equidad de la educación marianista es un estupendo desafío y una urgencia. Eso, y no menos que eso, queremos que se de en este congreso. Sabemos bien que no partimos de cero. Nuestra educación, comparada con la que se imparte en otros centros educativos, tiene un buen rendimiento y se hace  un esfuerzo por hacer realidad la equidad en el país y dentro de nuestros centros. Sin embargo, este esfuerzo no ha dado los frutos esperados de una calidad equitativa.

 

- Equidad

Sabemos que tocamos una característica de nuestra educación que tiene muchas implicaciones sociales, políticas, económicas y culturales. Por lo mismo no dudamos en afirmar que es un tema delicado. No es fácil precisar el concepto de equidad y de in-equidad y ni siquiera con diccionario en mano. El mundo de la educación cuando se refiere a la equidad lo hace con frecuencia de una manera bastante apasionada e ideologizada.  Sobre él se está reflexionando en el país. De él conviene hablar con precisión y valentía. Por ello es bueno dejar en claro que la equidad busca valorar y tratar a las personas de acuerdo a lo que básicamente son, por su condición de seres humanos y sin sobredimensionar ni olvidar las diferencias y las distintas condiciones sociales, económicas, de género, de religión, de origen, Busca terminar con la discriminación y en parte con un determinado tipo de  selección. Busca, también, favorecer a los más débiles y dar más al que menos tiene y conceder el debido espacio a la evaluación y la exigencia diferenciada. Para nada conviene separarla de la calidad.

No existen empresas exitosas en un una sociedad fracasada, frase del marketing empresarial que nos sirve para afirmar que para superar la inequidad no podemos olvidar la calidad y más bien tenemos que afirmar la correlación estadística  entre inequidad social y inequidad educativa. Por supuesto que la inequidad social es fuente de dificultades en el proceso educativo y a su vez, la inequidad educativa retroalimenta la inequidad social y no se solucionará la una sin la otra. Tanto en lo negativo como en lo positivo ambas realidades se retroalimentan. Cuando se descuida la auténtica calidad la brecha de la inequidad se agranda. Para nosotros la urgencia de  hacer algo pronto en ambos aspectos es muy grande. Si ello no se da nuestra sociedad puede estallar. Esta realidad nos interpela. Con nuestro lenguaje de moda en este año bien  podemos decir que nuestra educación está terremoteada y por partida doble: por la falta de calidad y por la inequidad.  El gran tema de la equidad tiene que ver con la educación en el aula; ya que ésta para nada la podemos separar de la equidad educativa.   

  Para saber lo que hay que hacer en esta doble dimensión hemos organizado este congreso. De él tiene que llegar orientación valiosa.

 

- Dos dimensiones de la equidad

Al proponer este argumento y esta tarea al Congreso lo hacemos prestando atención a las dos dimensiones del mismo: queremos trabajar para vivir en una sociedad, en un país en el que se termine o al menos se reduzca la exclusión y la desigualdad en el campo de la salud, la educación, el género, los ingresos, el trabajo, la vivienda; para ello se precisa formar  hombres y mujeres de corazón solidario y capaces de servir; personas que descubran que la mayor satisfacción en la vida es servir. Dura es la frase pero puede provocar buenas propuestas: “Donde hay buena educación no hay distinción de clases” (Confucio). Por tanto, si la educación es mala se debe a que esa distinción y tensión existe. La inequidad en Chile es enorme y también es grande la necesidad de hacer un país educativamente más equitativo es enorme. Las buenas estadísticas nos dicen que en equidad no estamos mejorando sino empeorando.

Como M. Waisssbluth ha indicado en el libro  “Se acabó el recreo”  el recreo se refiere al dominio y control de la actual elite de Chile; el país precisa de otra elite; la del mérito y el esfuerzo, la de la solidaridad y la justicia. Pero todos estamos de algún modo implicados en esta realidad. Nadie puede quedar indiferente y a todos nos tiene que provocar y mover a actuar ya que esta realidad nos impide o dificulta avanzar.  Al que le toca hacer las grandes reformas las debe llevar a cabo; al que le corresponde poner el grano de arena de lo cotidiano tiene que dejar de lado sus intereses particulares y aportar lo que puede y debe.

La otra dimensión de nuestra reflexión es la más cercana;  se orienta a ser y funcionar como centros educativos que cuidan la equidad y evitan la exclusión en la vida ordinaria del quehacer colegial. En esta realidad nuestra acción es más comprometida y, por tanto, más exigente. Un buen colegio no solo evita la exclusión sino que  es capaz de corregir, en gran medida, las desigualdades diversas que traen sus estudiantes. Con esa meta se procede en los colegios marianistas. Se debe evitar la exclusión aunque, con todo, bien sabemos que hay alumnos, padres y profesores que se autoexcluyen. 

¿Qué repercusiones tiene esto en la a veces necesaria selección, en la contribución económica, en la conveniente exigencia académica, en la convivencia diaria, en la desvinculación, en la creencia y en la práctica religiosa, en la relación y calificación de los alumnos por parte de los profesores, en las  exigencias académicas? Por supuesto que esto supone mejorar la relación, la atención  y el trato a los vulnerables que llegan a nuestros centros o en ellos están y pueden ser alumnos o padres. Vulnerables pueden ser por su escasa preparación, por limitaciones en el aprendizaje, por situaciones socioeconómicas, por la condición familiar, por determinados defectos o incapacidades. Nuestra mayor atención la debemos poner en los que no perciben su deficiente situación. Suele ocurrir que los que menor educación tienen menor es su percepción sobre la realidad de la mala educación; no llegan a darse cuenta de lo que les falta.

 

- Para unos y para otros: para todos

Válido para estas dos dimensiones de la educación marianista es la valoración del esfuerzo, de la superación de las limitaciones en el quehacer cotidiano, del buen rendimiento del que mucho recibió y de la exigencia personal constante que  hace bien a todos.  Habitualmente lo que tenemos delante de nosotros no es fácil. La vida nos desafía constantemente.  El camino de la plena realización es largo  pero en la consecución de las metas se esconde la felicidad propia y de los demás. Por lo demás, no podemos olvidar que la educación es algo muy complejo, no se pueden extraer conclusiones simplistas. Todo en ella toma tiempo.

Esta doble dimensión ha estado muy presente en la mejor tradición educativa marianista; en las características de la misma; ello  se ha vivido y se vive como una tensión vital. Con la inclusión todos ganan y hasta los que en algún momento la ven con cierto recelo la pueden llegar a considerar como un regalo; con la exigencia de calidad nadie pierde. Una nueva sociedad será la que busque el bien común de todos y con el aporte diferenciado de cada uno. Sólo un país que ha dado pasos importantes en calidad y equidad puede enfrentar con optimismo, esperanza y generosidad su tercer centenario. Para que esta doble cara de la educación marianista sea bien entendida, integrada y aplicada  se precisan las orientaciones que llegan del proyecto educativo marianista y las que surgirán en este Congreso. De un modo general podemos decir y de ello tenemos que partir  que en un colegio marianista:

 

  • Se busca formar líderes y líderes servidores; es decir, personas que piensan y deciden por sí mismas, que tienen iniciativas e imaginan  alternativas; que convocan y aglutinan gente. Personas que se forman una opinión personal; superan el gregarismo, la inercia y el individualismo que ciega. En el colegio marianista el buen líder se forma en el servicio. En él se busca potenciar lo mejor de cada uno, es decir, sus capacidades intelectuales, deportivas, relacionales, artísticas y religiosas. Se busca generar personas con  un proyecto, con sentido, con algo valioso  por lo que luchar. No se trata de formar personas sin fallos, ni a gente que nunca se equivoca; ni a héroes intocables. Se apunta a lograr seres humanos inquietos, que sienten, desean y  persiguen sueños y disfrutan haciéndolos realidad.
  • Se busca formar personas que quieran y sepan servir. Esas personas no plantearán su proyecto de vida como algo al margen del mundo en el que vivimos. Son capaces de entender la vida como parte de algo más grande. Esto no es fácil ya que los mensajes que les llegan a los jóvenes y que proceden de los adultos insisten en convertirles en el centro del mundo y en hacer que estén demasiado pendientes de su propio ombligo. Es importante mirar fuera y al mundo fascinante, interesante, lleno de posibilidades, pero también herido y en el que hay que sanarse y sanar a muchos. Se educa para ayudar a crecer y sacar de la pobreza o de la vulnerabilidad  propia y de los demás.
  • Se busca educar personas que sepan convertir la vulnerabilidad en oportunidad. En educación nadie tiene la llave mágica pero todos pueden desarrollar el espíritu de superación de las propias limitaciones. Para ello es preciso que  sientan que el colegio en el que están es inclusivo; que en el que se les toma donde están y se les lleva a donde pueden ir;  no debemos olvidar que formamos parte de una sociedad poco inclusiva. Los procesos inclusivos piden mucho tiempo antes de ver los resultados pero es necesario llevarlos a cabo. No hay duda que una educación que vaya en esta dirección necesita conocer bien el contexto; analizar las condiciones de una escuela inclusiva; desarrollar determinadas competencias y adquirir compromisos concretos. Una educación inclusiva es un gran servicio. Como bien se ha dicho abrir escuelas es cerrar cárceles.
  • Se busca formar gente creyente. Los marianistas ofrecen en los colegios  explícitamente  la posibilidad de asumir el evangelio como algo que tiene que ver con la vida, que conduce a un Dios, que es Padre de todos y con el que se puede tener una relación hecha de confianza y cercanía. Así se cultiva la  pasión por Cristo y por todas y cada una de las personas. La fe no es una idea; es una vida que lleva a amar más para servir mejor y  así poner en la vida solidaridad y calidad.

 

 

II. Una sencilla historia para mejor entender la calidad e inclusividad

 

Un hermoso día de verano una  pata grande y llena de vida empollaba sus huevos entre los que había uno más grande que los demás. Nadie, ni siquiera ella, sabía cómo había llegado ahí. Cuando comenzaron a romperse los cascarones salieron las diminutas aves que parecían bolitas de algodón dorado y todos felicitaban a la pata madre por tener hijos tan bonitos y sanos.  Cuando finalmente se rompió el cascarón del mayor salió un pato negro, grande y feo. ¡Qué feo! dijeron todos menos la mamá pata que señaló que para ella era hermoso. El patito feo creció entre las burlas de sus hermanos por lo que decidió irse de ahí donde era tan despreciado. Al cruzar por un lago vio los animales más bellos que jamás había visto: unos cisnes que iban en grupo. Con cierto temor se acercó y les preguntó si podía estar con ellos. Y le contestaron: “Claro que sí, eres uno de los nuestros”. Al entrar de nuevo en el lago vio de nuevo su imagen y su reflejo y era el cisne más bello de todos. Cuando volvió a casa todos le admiraban por su belleza y entendieron que de hecho toda criatura guarda su belleza en su interior. (Hans Christian Andersen).

 

III. Objetivos

Es bueno tener estupendas ideas. Es mejor presionar para que se materialicen. No está mal imprimir un sentido de urgencia a las mismas. Sólo así se llega a los frutos esperados  en calidad y equidad.  Para ello hay que pensar en nuevos escenarios en nuestra educación y también en nuevos actores: directivos con visión y capacidad de impulsar un nuevo dinamismo en la educación marianista, profesores de excelencia, condiciones apropiadas para que la tarea educativa se pueda llevar a cabo de manera adecuada y padres y apoderados informados  y participativos. Este congreso es como un  grito ordenado para que pase algo en la educación marianista. Conviene que agiten un poco las aguas de la vida ordinaria de nuestros centros educativos  y se genere más vida. Para ello el debate profundo y atento es importante para así llegar al diagnóstico y la propuesta. Propuestas que en parte no son nuevas.

Acierto del Congreso tiene que ser el que se hagan algunas propuestas; no menos acierto será el conseguir que los integrantes de la educación marianista de Chile las asuman y apoyen con buen ánimo y ganas y ello suponga un real apoyo a lo que en él surja por considerarlo muy valioso.

Queremos que eso brote de los signos de vitalidad que ya existen en la educación marianista y que debemos valorarlos, apreciarlos, reafirmarlos y potenciarlos. Así avanzaremos desde la necesaria discusión a la acción inmediata que debemos llevar acabo de una manera gradual y sistemática. Así saldremos del círculo vicioso de le educación chilena y marianista. No se duda que las propuestas harán surgir algunos conflictos pero es muy difícil generar cambios fundamentales sin que éstos se den. Nos tiene que apasionar la calidad de nuestra educación y el esfuerzo por conseguir una verdadera igualdad de oportunidades para el niño y joven chileno y así alcanzar el anhelado desarrollo del país.

Para todo ello precisamos una hoja de ruta. En ecuación no existen los atajos ni los milagros. No se forman profesores de un día para otro; ni en 48 horas aparecen los directivos carismáticos. Nuestra meta no está a la vuelta de la esquina pero para llegar a ella tenemos que dar el primer paso:

“caminante, son tus huellas el camino y nada más;

Caminante, no hay camino, se hace  camino al andar”.  A. Machado

Es verdad que no hay muchos mapas para guiarse en este camino pero, por otra parte,  no se debe dudar que se puede tener éxito. Éxito que se consigue buscando la calidad equitativa y creando una cultura renovada de hacer las cosas bien y para ello queremos pagar el precio  debido  y alcanzar los siguientes objetivos:

1.     Descubrir en el estilo de educación marianista y en las características de su pedagogía los elementos para ahondar una educación de calidad orientada al servicio de manera que la equidad y calidad tiendan a ser los valores transversales de la práctica educativa Marianista.

2.     Reflexionar, clarificar y ponderar lo que es, supone e implica la equidad en la educación y en concreto en la educación marianista.

3.     Reconocer en las prácticas educativas marianistas experiencias de una educación orientada al servicio que permitan reconocer condiciones y procesos emergentes que sirvan de guía para la masificación de la opción educativa.

4.     Proponer los desafíos para:

·       Trabajar por una educación que sirva para una mayor equidad en el país: que evite las exclusiones y que practique la equidad. 

·       Trabajar para conseguir personas

-       que busquen y practiquen la equidad en nuestros Colegios

-       que aprendan a ser inclusivas en la vida ordinaria

-       que se capaciten para superar la indebida exclusión y

-       que aprendan a servir

 

Se quiere un Congreso centrado en la participación donde las experiencias de la práctica educativa marianista constituyan un insumo para la presentación de ponencias, mesas redondas, sesiones de “póster”, y grupos de trabajo-acción que permitan que la actividad se transforme en un suceso que marque el destino de la educación marianistas por los próximos tres años.  

 

 

José María Arnaiz
Presidente Fundación Chaminade