MARÍA
María en la espiritualidad marianista

El Beato Guillermo José tuvo desde niño una gran devoción a María. Ella se va a fomentar durante su formación en el seminario de Mussidan. Existía entonces en Francia, una fuerte espiritualidad mariana. Por eso, cuando llegó exiliado a Zaragoza, se va a sentir muy protegido e inspirado por la Virgen del Pilar. La fe popular descubierta en este pueblo, le llenará de gozo y de esperanza. María será la conquistadora de la fe en su Patria.

Es en su tiempo de madurez espiritual, cuando el Fundador va a manifestar su definitiva comprensión del papel de María en la vida de la Iglesia. Ha leído los autores marianos de su tiempo. Ha descubierto especialmente a S. Alfonso María de Ligorio y se ha nutrido de su espiritualidad. Vamos a describir en sus propias palabras, en algunos de los pasajes sobre de María más queridos por el Fundador, lo que es su pensamiento  específico sobre  nuestra espiritualidad mariana.

1.-En primer lugar el texto del Génesis 3,15: Yavé, dirigiéndose a la serpiente sentencia“

una mujer” te aplastará la cabeza…Esa maldición a la serpiente, símbolo del demonio, va a ser recogida por el P. Chaminade como el destino de lucha contra el mal reservado a María, la mujer, a quien Jesús llama con este nombre en el Evangelio de San Juan.

La Iglesia ha descubierto desde los primeros siglos en esa Mujer misteriosa, a María.  Esa “Mujer” aplastará la cabeza de la serpiente porque ella es la Inmaculada, sin pecado, la llena de gracia.

Ese símbolo de la “Mujer” que vence al mal, aparece, también, en el capítulo doce  del Apocalipsis. Aquí, María aparece vencedora del mal, a la vez que colaboradora de la salvación con Jesucristo a quien da a luz y entrega al mundo. Protege al Hijo defendiéndole del mal y refugiándose en el desierto.

Este texto hace referencia a la misión de la Iglesia, encargada de dar a luz a Jesucristo, de protegerlo y de entregarlo a los hombres. La Iglesia ha visto siempre unidas estas dos imágenes: María y la Iglesia. Las dos son Mujer y Madre: dan a luz al Hijo, lo cuidan y lo entregan a los hombres. Nuestra Madre María y nuestra Madre la Iglesia, engendran a Jesús y nos engendran a nosotros. María es Madre de Jesús y madre nuestra. Dio a luz  a “un montón de trigo”, (como nos dice s. Bernardo) no sólo a Jesús sino a nosotros. 

Y así, descubre el Fundador, que María no sólo es la limpia, la inmaculada, sino la Madre, Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, del cuerpo espiritual del Señor.

María, nos dice, ha concebido a Dios primero en su corazón y luego en su vientre. María no ha concebido sólo un grano de trigo, sino un montón de trigo, todos nosotros hemos sido hijos en el Hijo.

2.- Esta maternidad espiritual se  desvela en la escena del calvario. Allí, Jesús, el que había dicho, “mi madre y mis hermanos son los que acogen la palabra de Dios y la practican”, con la lógica de la fe, viene a decirle a María: no pierdes a tu Hijo. Mujer, ahí tienes a tu hijo. Tu Hijo es la Iglesia entera. Tus hijos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican. Y lo hace dándole el nombre de Mujer. Jn.19, 25.

María es Mujer, luchadora contra el mal, aliada de Jesucristo hasta la muerte.        Incorporada a todos su misterios de vida y salvación.

Es la Virgen, la limpia e inmaculada, vencedora del demonio y servidora del Señor, esposa fiel, disponible para Dios: Hágase en mi según tu palabra.

Es Madre, que da vida y cuida de sus hijos. Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

Así nos la presenta el Fundador en su “Breve tratado del conocimiento de María”:

“Quiso, también, para darnos a conocer la maternidad de María, esperar el día en que la Virgen, al pie de la cruz se mostraba nuestra madre tan claramente, ofreciendo a Dios en sacrificio a su Hijo primogénito, para nuestra salvación.

“Ese es a mi juicio el sentido de las hermosas palabras de Cristo. Al decir al discípulo amado: he ahí a tu Madre, quería decir: ahí tienes a la que te ha engendrado espiritualmente en la fe cuando me concibió corporalmente en el seno virginal. Ella es madre tuya como lo es mía.

Del mismo modo con las palabras que dijo a María: Mujer, ahí tienes a tu hijo, parece decir: Nueva Eva, tu primogénito, tras cumplir su misión, va a volver al Padre. Pero este otro hijo de tu fe y de mi amor, no ha realizado todavía la suya. Mujer augusta, esposa de tu primogénito en la obra de la regeneración, yo te lo confío”

3.- El otro lugar donde a María se le da el nombre de Mujer, es en las bodas de Caná. Este pasaje de S. Juan, lo utiliza el Fundador para indicarnos cuál es la misión que nos encarga María: Lo que Él les diga, háganlo. María, nos remite a Jesús. Y el Fundador expresa este envío como una misión universal. Nos envía como misioneros de María para lo que el Señor nos señale. Y esta misión, que es universal, que no se cierra a ningún tipo de obra, la sintetizada en un gran proyecto: preservar y propagar la fe del contagio del mal, en el contexto de una sociedad descristianizada, promoviendo las costumbres cristianas.

Pero vayamos a los textos fundamentales del Beato. Guillermo José Chaminade:

“Todas las épocas de la Iglesia están marcadas por los combates y los triunfos gloriosos de la augusta María. Desde que el Señor estableció la enemistad entre Ella y la serpiente (gen.3,15) María ha vencido constantemente al mundo y al infierno. La Iglesia nos dice que todas las herejías han tenido que inclinar su frente ante la Santísima Virgen, y poco a poco Ella las ha reducido al silencio de la nada.”

“Pues bien, la gran herejía reinante en nuestros días es la indiferencia religiosa que va sumiendo la almas en el embotamiento que produce el egoísmo y en el marasmo de las pasiones” (carta 1839)

“El poder de María no ha disminuido. Creemos firmemente que Ella vencerá esta herejía como todas las demás, porque Ella es hoy como siempre, la Mujer por excelencia, la Mujer prometida para aplastar la cabeza de la serpiente.”( carta 1839)

En estos textos observamos claramente, primero que María es una aliada de Jesucristo contra el mal. La Mujer del Génesis, no es un símbolo piadoso, es el signo de lucha contra el pecado, es símbolo misionero. El Beato Chaminade ha elegido a María como la mujer que lucha contra el mal. Lo cual indica una segunda consecuencia: Nosotros nos aliamos a María en esta lucha contra el mal. Lo expresa en los siguientes textos:

“Nosotros hemos comprendido este designio del cielo, mi querido hijo, y nos hemos apresurado a ofrecer a María nuestros débiles servicios para trabajar a sus órdenes y combatir a su lado”…

“…somos de una forma especial los auxiliares y los instrumentos de la Santísima Virgen en la obra de la reforma de las costumbres, del mantenimiento y  crecimiento de la fe, y por consiguiente, de la santificación del prójimo”…

“…Ella nos adopta con particular predilección. Recibe con alegría nuestra promesa especial de serle fieles y de dedicarnos a Ella ( alianza) para siempre,  nos alista en su milicia y nos consagra como sus apóstoles”. ( carta del 1839)

Así expresa claramente lo que significa nuestra consagración mariana. Es una promesa, una alianza con María para hacernos militantes contra el mal, la indiferencia religiosa, la pérdida de la fe y de las costumbres cristianas. Insiste:

“Pues bien, nosotros, los últimos de todos, que nos consideramos llamados por María misma a secundarla (alianza) con todas nuestras fuerzas en su lucha contra la herejía de esta época, hemos tomado como divisa…las palabras de la Santísima Virgen a los servidores de Caná: hagan todo lo que Él les diga”…

“Nuestra obra es grande, es magnífica. Si es universal, es porque somos los misioneros de María que nos ha dicho: Hagan todo lo que Él les diga” (Carta de 1839).