
Cada encuentro fortalece nuestra fe, pero esta oración, centrada en el sentido de la cruz y en el acompañamiento de María, nos permitió renovar nuestra esperanza y recordar que nunca caminamos solos.
Nos conmovió especialmente el momento en que cada uno pudo reflexionar sobre su propia cruz. Escuchar las vivencias y sentimientos de nuestros hermanos y hermanas fue un hermoso testimonio de confianza en Dios, de fraternidad y de comunión. Una vez más comprendimos que nuestras cargas se hacen más livianas cuando las compartimos y las ponemos en las manos del Señor.
Como Comunidad Marianista, damos gracias por pertenecer a una familia que busca vivir el Evangelio con sencillez, espíritu de familia y al estilo de María. Reflexionar sobre el significado de la Cruz Marianista nos recordó que estamos llamados a ser discípulos misioneros, llevando esperanza, acogida y amor a quienes nos rodean, siguiendo siempre el ejemplo de nuestra Madre.
También fue muy significativo compartir el sentido de las distintas cruces y, posteriormente, profundizar en el significado de nuestra Cruz Marianista. Ver a cada integrante decorar y recibir su cruz como recuerdo de este encuentro fue un signo visible del compromiso que todos renovamos con nuestra fe y con la misión de anunciar a Cristo.
Agradecemos de corazón a quienes hicieron posible esta hermosa jornada de oración y reflexión. Estos espacios fortalecen nuestros lazos fraternos, alimentan nuestra vida espiritual y nos impulsan a seguir creciendo en la fe, de la mano de Jesús y de María.
Nuestro deseo es continuar caminando unidos como comunidad, acogiendo nuestra cruz con esperanza, confiando siempre en el amor de Dios y dejando que María nos guíe para ser testigos alegres del Evangelio en nuestras familias, en nuestra Iglesia y en el mundo.

